Medea rompe con el rol de la mujer y con el mito de la maternidad

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Festival de Teatro Clásico de Mérida 2010 

Apasionado por los clásicos, José Carlos Plaza, uno de los nombres imprescindibles en la dirección de escena española, llega este fin de semana al Calderón con la ‘Medea’ que estrenó en la pasada edición del Festival de Mérida. Incansable en su búsqueda del interior del alma humana, todavía tiene fe en el hombre y se muestra optimista sobre la solución de los problemas del teatro:

–¿Qué hace tan grande el mito de Medea?

–Como todos los grandes textos del teatro, es un reflejo de nuestra realidad, es una simbiosis con el alma del ser humano y habla de los problemas del hombre y de la mujer, pero llevado a esa estructura tan magnífica, sublimada por la poética, que es la dramaturgia griega. Estamos ante dos grandes hechos, la gran literatura griega que es parte fundamental de nuestras raíces y que nos ayuda a comprender nuestro comportamiento. Por eso creo que es imprescindible que la gente la conozca.

–¿Qué tiene de novedoso el texto adaptado de Vicente Molina Foix?

–Ha creado un texto dramático nuevo, fijo como una lapa y a la medida de Eurípides, pero luego va incrementando cosas que para nosotros son fundamentales, como conocer las razones. Para eso, basándose en Apolonio de Rodas, ha contado los antecedentes, como la llegada de Jasón y los Argonautas a la Cólquida. Y en Séneca, que aporta la diferencia entre el coro masculino y el coro femenino. El enfrentamiento entre esos dos estilos presenciales.

Equilibrio roto

–Dice que la obra rompe el equilibrio que los valores occidentales plantean entre el mundo femenino y el masculino, ¿en qué sentido?

–Medea lo hace en tres momentos de su vida. Uno, cuando renuncia a su historia, rompe con todo su pasado, su tradición y se va de una tierra salvaje. La segunda es un rompimiento en el carácter femenino habitual de la sociedad, porque ella toma la posición del hombre, del que decide y ayuda a Jasón. Por último, cuando se siente traicionada y engañada, ella rompe con lo que yo creo que es el gran valor de la sociedad occidental sobre la mujer, la maternidad. Por venganza, por una traición que no puede soportar y que ha destrozado su vida, ella mata a sus propios hijos, que es el gran mito de la maternidad.

–Medea está entre heroína y villana. ¿Donde la sitúan en la obra?

–No hemos querido juzgar. Yo intento por encima de todo, y creo que ahora hace más falta que nunca, objetivizar, mirar desde fuera las cosas e intentar ver y comprender las razones de unos y de otros. Entonces, para todo el equipo Medea es una asesina, una heroína, una mujer enamorada, un ser romántico, un ser ancestral, traicionado, una víctima. Como en el fondo somos todos aunque lleguemos a otros niveles, porque esto es una tragedia griega, es el símbolo de la humanidad. Pero yo creo que el mundo humano está lleno de complejidad y no sabemos cómo vamos a reaccionar en determinados momentos.

–Usted habla del mundo primitivo de Medea, ¿que queda de él?

–Queda todo. La grandeza de un texto como Medea o como Hécuba o Fedra, los grandes mitos, está en que es totalmente vigente. El ser humano no ha perdido nada, nos pueden modificar, encarrilar, nos pueden dar normas, que a veces son buenas y a veces castradoras, pero el ser humano tiene todos los instintos primarios desde que existe. Está el animal y está el pensador y el hombre va desarrollando su forma de pensar y va dejando o colocando sus instintos en determinados sitios, pero ahí están… y por eso pasan las cosas que pasan a nuestro alrededor.

–¿Dos mil años de civilización no nos han apaciguado un poco?

–En muchos momentos de la historia los instintos han sido protagonistas básicos. Los nazis, los fascismos, la represión franquista… esas barbaries son parte de la tragedia griega. Y lo siguen siendo, ahí están esos curas que meten mano a los niños… Los dos mil años lo que hacen es colocar esos instintos, cada uno en un sitio, en el alma del ser humano. Cuando eso se ve afectado, por mucha educación, por muchos siglos, eso está ahí y está vivo porque esa es la parte esencial del ser humano, controlados o no. Si no, esta pasión por el dinero, esta corrupción no se podría entender.

–‘Medea’ se creó para el gran escenario de Mérida. ¿Cómo ha evolucionado con las representaciones y con el paso a salas más pequeñas?

–La obra se presentó en un gran espacio, tenía una parte de gran espectáculo, no se si eran 60.000 espectadores, y eso tuvo un gran impacto, pero desde los ensayos yo ya estaba pensando en hacer una obra de recogimiento y del alma interior. Por eso la obra ha ido ganando día a día en espacios pequeños, en esa mirada interior, en lo que son las miradas, las emociones… Es más profunda e impactante de lo que fue en Mérida.

Extracto del original publicado en ElNorteDeCastilla.

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